cada vez que algo de nuestra vida no nos gusta o que simplemente no nos acaba de llenar adoptamos una actitud de esperanza. Creemos sinceramente que mañana será otro día, uno con un cielo más azul y un sol más brillante. Gracias a eso conseguimos distraernos de aceptar nuestra realidad y podemos dormir tan tranquilamente. Así es como la raza humana es feliz unos días a costa de firmar un contrato de por vida, porque luego, cuando pasa el tiempo y vemos que nada cambia empezamos a decepcionarnos y a volver a tener problemas para dormir. En este momento, la esperanza ya no es para nosotros un salvoconducto a la tranquilidad si no que es más bien nuestro acompañante de insomnio, de rayadas o de iperatividad nerviosas. Pero somos tan sumamente acaparadores que aún estando relacionada con nuestra mala vida nunca la perdemos, ni nunca la dejamos ir; pensamos que sin ella nos faltan las ansias, la paz, la vida pero en realidad sin ella vivimos de verdad porque sin ese efecto somnífero nuestra mente piensa correctamente: es más hábil para escapar de los problemas, para construir grandes imperios o lo mejor de todo para gobernarnos a nosotros mismos sin más contrato que lo que nos apetezca hacer, ser o parecer. Olvida los valores arcaicos: uno no debe estar en las buenas y en las malas, uno debe estar donde necesita estarlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario