Se dice que todo es cuestión de costumbre, que si llevas toda la vida teniéndolo todo fácil no sabes vivir de otra forma, yo en cambio pienso que todo es cuestión de caracteres, ¿Qué más da si estás acostumbrada a que todo te vaya mal si eres una positiva? el fracaso es el mismo, estés o no acostumbrada a ello.
31 de agosto de 2012
29 de agosto de 2012
La hormiga y la cigarra.
Los humanos necesitamos de la sociedad para vivir plenamente. El problema de ello es, como no, la palabra necesitar. Este implica por nuestra parte un movimiento de intereses egoístas en los que siempre sale uno mal parado. ¿Quién no se ha sentido alguna vez hormiga trabajadora por algo mientras otros con el mismo beneficio rascan la barriga? pero ahora, antes de llenarte de rabia, pregúntate ¿Cuántas veces has hecho de cigarra cuando el bien común no te interesaba lo suficiente? Aunque claro, ¿Para qué preguntarse eso? ¿Para qué tratar de entenderlo? o ¿Para qué demostrar que en su situación no habríamos hecho lo mismo si no somos capaces de asimilar que no siempre somos lo suficiente importantes como para que se muevan por nosotros. Duele, ¿verdad? pero te voy a decir más, lo único que te duele es el ego, el saber que para ti sí es importante, mejor dicho necesario moverte por esa persona. Si no fuera así, ni te dolería, es más, ni te habrías dado cuenta. Así que yo me pregunto: ¿de verdad, en serio que hasta las causas más nobles esconden una fuerte relación con el interés? Al final esto solo dice que ni el interés es tan malo, ni las personas tan buenas. Todos y cada uno de nosotros en mayor o menos medida buscamos satisfacernos.
24 de agosto de 2012
No es que todo me importe, es que todo forma parte de mi.
E intento disimularlo con palabras vacías y hechos neutros, pero eso no cambia que con cada paso que tú das mis neuronas se consumen intentando comprenderlo, que las palabras que callas mi intuición las sospecha, que el espacio en blanco es una decepción en mi corazón, que en las distancias no hay olvido sino rabia, que el cariño me lo da el sentir que cuento contigo no el hecho de que siempre estés aquí, que las indirectas las escribo en segunda persona del singular pero pueden ser del plural, que nunca hablo de amor sino de la amistad, que entiendo la amistad como una relación SEGURA entre personas que aunque no estén en continuo contacto saben que se tienen la una a la otra. Porque creo en las relaciones puras, porque son las únicas que quiero, porque para intereses sobra gente y porque lo que tú eres es alguien. Y como alguien te tienes que comportar. Me lo merezco.
19 de agosto de 2012
Yo y el mundo, el mundo y la ausente.
Cuando la vida me da limones no hago limonada cojo lo limones y los vendo, a cualquiera, en cualquier parte, en cualquier momento y de ello vivo hasta que me dure el shock. Luego, recojo mi puesto, hago una llamada y llegan ellos, mis fieles seguidores. Aparecen en coche, salen, suben, llaman, insisten, me agarran, me hablan y hablan y siguen hablando hasta que escucho y aprendo que si lo que tienes es sed, haz limonada y no vayas de ambiciosa-caprichosa a venderlos para comprar algo que igual no te guste. Y así estamos siempre, entre limones y mercadillos, deseos y necesidades, yo y el mundo, el mundo y la ausente.
15 de agosto de 2012
A-personal.
Cuentan que los días de tormenta son los más sentimentales porque te quedas en casa, sin nada que hacer y piensas. Al final, entre unas cosas y otras acabas llegando al pasado. Dicen que este siempre duele, no sé, yo no noto el dolor ni siquiera el placer, me da la sensación de estar viviendo la vida de otro, de un loco suicida deseando comerse el mundo antes de devorarse a si mismo. Y hoy, yo, tan ausente, tan no yo que no soy nadie, solo un reflejo de la sombra, un sinsentido del ayer, de la absurdidad de los impulsos, de lo único real y característico de nosotros mismos.
8 de agosto de 2012
Yo,
cuando tengo miedo tengo un primer impulso muy fuerte y es el de irme, escapar corriendo a mi casa, a mi habitación, cerrar la puerta con llave, poner el armario atrancando la puerta por si acaso, esconderme bajo la cama, piernas muy estiradas, culo duro, pecho hinchado, brazos sobre la cabeza, labios entre los dientes, fuerte y ojos cerrados. Así hasta que alguien sin querer llegue a mi casa, en el momento exacto en el que puede llegar hasta mi habitación, con la suficiente inteligencia para burlar cerraduras, la fuerza de apartar un armario y la paciencia de tumbarse a mi lado, en silencio. Sin hacer nada más que acompañarme en mi gran miedo a vivir sintiendo.Es lo que quiero. Sólo.
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