Todo lo que me fascina durante el día viene a mi cabeza por la noche cuando apoyo la cabeza en la almohada e intento dormir. La mayoría de las veces esas fascinaciones son tan reales que para evitarlas me desgasto y fuerzo mi cansancio hasta que caigo rendida sin que me de tiempo a revivirlas. Mi desgaste nocturno favorito son los juegos ¿Sabéis los míticos tetris, los sudokus o los juegos de juntar bolas del mismo color para que se eliminen? Pues son mi perdición, puedo pasarme horas y horas intentando pasar el nivel y sintiéndome tan sumamente indignada si pierdo que al mirar a mi alrededor es como si todo lo que viera fueran piezas que mentalmente tengo que mover para encontrar su colocación correcta. Podéis tomároslo como una ironía de la vida o como una decisión inconsciente muy bien pensada lo cierto es que cuando tenemos una enfermedad nos vacunan contra ella metiéndonos el virus en el cuerpo para que nos hagamos inmunes. Pensado así hay esperanza de que algún día yo también sea inmune a la cabeza grande, la que late.
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