7 de diciembre de 2012

Esta es la historia de cuando perdí la cabeza.

Recuerdo estar de espaldas, agachada, recogiendo del suelo la poca esperanza que me quedaba cuando noté algo frió en el cuello que me apuntaba. No me lo podía creer, estaba viviendo el acto más famoso de todas las pelis : que te apunten con un arma. Yo toda emocionada pregunté "¿qué pasa?" , él me respondió "¿qué es lo que hace a una persona como tú agacharse a recoger?", yo solo pude decir "ando falta de sueños y necesito creer". Acercó su boca a mi oreja, deslizó una mano por debajo de mi barbilla agarrándome, me apuntó el cuello con más fuerza y me dijo muy suavemente "cree en tu vida". Después de eso me rajó el cuello, un corte seco, casi mortal.

Mientras iba encharcando la acera con lo poco que me quedaba de mi lo escuché llamar a la ambulancia. Cuando desperté en el hospital la enfermera me dio una nota, ponía "¿ya creíste lo suficiente o me necesitas otra vez?" Me toqué el cuello y empecé a recordar, supe que si le debía la vida era porque anteriormente él me había provocado la muerte. Luego, pensé en un sentido figurado y empecé a loquear. No quería deberle nada así que abrí la ventana y me tiré. Disfruté, estaba desobedeciendo lo que él me dijo, dejé de creer en mi vida y así es como en ese mismo momento yo también dejé de existir.

 Fui enterrada en alguna parte del cementerio, de vez en cuando me venían a visitar pero todos eran gente llorosa. A veces me dejaban flores pero él siempre notas, cuando me puso la de "he dejado de creer en la mía" recordé y comprendí que una vez más, me rajaba el cuello mientras parecía que me salvaba. Queriendo ya acabar con todo me maté el alma y renuncié a cualquier tipo de vida.

 Acabé en el infierno, el diablo me vio tan contenta que le producía asco, a los dos días me devolvió el alma. Así fue como llegué al cielo pero estaba tan preocupada de no encontrármelo por allí que a Dios le di pena y me devolvió la vida. Aparecí en el suelo de la escena 1 recogiendo mi esperanza, con la misma navaja apuntándome, pero esta vez contesté "recojo la forma de no matarme por ti" a lo que él respondió con un patético intento de suicidio. Me vi en l obligación de llamar a la ambulancia e ir con él pero para cuando despertó de mi solo quedaba una nota "intenta quererte tanto como te quiero yo".

 Años después lo volví a ver, es feliz, cuando le pregunté que qué tal me dijo "intenté quererme tanto como tú a mi, aún no lo conseguí". Luego me preguntó por mi y dijo que se me veía feliz- Como toda respuesta respondí "conseguí quererme más que a ti".

Moraleja: Que todos tenemos vicios y que estos nos matan es una verdad universal, así que déjate de perder el tiempo negando lo evidente e inviértelo en procurar ser el mayor de los tuyos.



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