Cuando veo a una amiga llorar se me parte el alma, la piel se me eriza y mis ojos se vidrian. Es horrible eso de tener que ver como alguien se rompe y no poder solucionarlo. Muchas veces me encantaría ser la causa del mal, querría que esas palabras de odio que me esta diciendo llevasen mi nombre y así se desahogara de verdad mientras me habla, querría ser su rabia, su nunca jamás, su dolor, su asco, cualquier cosa con tal de asegurarme que el abrazo que le daría a continuación solucionase algo mas que el brote de lagrimas del momento. Pero nunca es así, solemos aferrarnos a los amigos que menos nos pueden ayudar con sus abrazos porque son los que menos daño nos hacen. Y ahí estaba yo, en el piso superior de una cafetería levantándome corriendo al ver la primera lágrima y haciéndole ver que su miedo a perder su vida, solo significa cambiar el modo de vivirla.
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