Cuando la vida me da limones no hago limonada cojo lo limones y los vendo, a cualquiera, en cualquier parte, en cualquier momento y de ello vivo hasta que me dure el shock. Luego, recojo mi puesto, hago una llamada y llegan ellos, mis fieles seguidores. Aparecen en coche, salen, suben, llaman, insisten, me agarran, me hablan y hablan y siguen hablando hasta que escucho y aprendo que si lo que tienes es sed, haz limonada y no vayas de ambiciosa-caprichosa a venderlos para comprar algo que igual no te guste. Y así estamos siempre, entre limones y mercadillos, deseos y necesidades, yo y el mundo, el mundo y la ausente.
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