11 de octubre de 2011

Te crees hielo pero solo sonríes para sobrevivir.

Cuando al fin estás en privado tu inconsciente agotado sale del caparazón. Es echar la cabeza fuera y ya no puedes respirar, te falta aire, te sobra peso. Hay algo duro bajando por la garganta, algo pesado, algo que no entiendes.
A continuación le sigue el pulso. Empieza a acelerar. Espera algo, quizá una reacción de que sigues vivo. Parece que llega. La reprimes, la mandas al fondo, la entierras y empiezas a reírte, a carcajadas, sonoras, fuertes, grandes, imposibles.
Por último, pones música, te acercas al teclado y te pierdes en palabras que se escriben solas intentando reírse del mundo y de la vida.

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