18 de enero de 2013

Mi otro yo, mi segunda parte.

En mis arranques decía Laura y en dos minutos tocaba al timbre un ligero olor a incienso. Yo abría la puerta y lo primero que veía era una bolsa enorme de gominolas y entre ellas, la fresa, la grande. Con pausa me sentaba en una silla o en un sofá de aquel piso, insistía siempre en compartirla pero un "no peque, es tuya" siempre me interrumpía. Empezaba a hablar, a decir qué pasaba por mi cabeza, a veces ni siquiera llegaba al por qué de la cuestión pero nunca importó, nosotras nunca fuimos de  un "dime todo aquí y ahora" si no de un "dime todo cuando tú lo necesites".

Hablo en pasado, sí pero porque la vida cambia y mientras unos se adaptan al medio otros se mueren con él. Nosotras siempre nos adaptamos, estuvimos en el mismo grupo de amigos, en distinto, con novio, sin él, a distancia, en la misma cama y la verdad, siempre nos hemos sentido igual de cerca. Os parecerá imposible que algo que no ves, siga igual pero cuando dos personas llevan siendo íntimas desde el primer día hace más de 5 años día sí y día también sin un grito, discusión o medio enfado da para saber con certeza que cuando no te comprendas, estés perdido o tengas miedo alguien estará ahí para ti mejor que tú mismo.




No hay comentarios: