-observar las olas, si te fijas no es más que una cantidad efímera de agua que quiere algo más: alcanzar el cielo. Se deja llevar por las corrientes y su mayor tentación es ser aire. Por un momento esa agua rebelde está en el podio, primer puesto, categoría diferente. Tan cerca...cada vez más fuerza, más grande, más perfecta. Luego, ya se sabe, choca contra la arena en un enfrentamiento suicida. Se rompe, hace un ruido relajante y solo queda la espuma...desapareció. Me gusta creer que se volvió normal.
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