En nuestro día a día apretamos ese botón miles de veces: cada vez que no queremos tener un número en nuestra agenda del móvil, un amigo en nuestra red social o una palabra mal sonante en una conversación guay...pero luego si una idea nos molesta, si un recuerdo nos incordia, si un sentimiento nos consume NO HAY BOTÓN... como mucho lo enviamos a una especie de papelera de reciclaje para que se produzca el efecto antivirus con su cuarentena y sus tareas de limpieza y luego, mucho más tarde cuando algún indicio nos da a entender que ya no hay peligro podemos apretar ese botón de "DELETE" o ese otro de "REEMPLAZAR". Ahí está el matiz que nos diferencia de las máquinas. Nosotros en el fondo damos a delete con la inteción de reemplazar, ellas no.
13 de mayo de 2011
Delete
En nuestro día a día apretamos ese botón miles de veces: cada vez que no queremos tener un número en nuestra agenda del móvil, un amigo en nuestra red social o una palabra mal sonante en una conversación guay...pero luego si una idea nos molesta, si un recuerdo nos incordia, si un sentimiento nos consume NO HAY BOTÓN... como mucho lo enviamos a una especie de papelera de reciclaje para que se produzca el efecto antivirus con su cuarentena y sus tareas de limpieza y luego, mucho más tarde cuando algún indicio nos da a entender que ya no hay peligro podemos apretar ese botón de "DELETE" o ese otro de "REEMPLAZAR". Ahí está el matiz que nos diferencia de las máquinas. Nosotros en el fondo damos a delete con la inteción de reemplazar, ellas no.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
OLVÍDALO, sin remplazo
Publicar un comentario