maduramos y somos capaces de decir que no a las tentaciones, incluso les damos un discurso fantástico digno de cualquier gran filósofo convencido de que su forma de pensar es la correcta.
Luego, la conversación vuelve a degenerar y nos quedamos con ese sabor a interrogante y la misma pregunta que siempre vuelve a nuestra mente ¿y si...?
Por último, alguno se va, deja de existir esa atmósfera de tentaciones y ya es mas fácil pensar...por muy atrayente que sea la proposición, por muy divertida que sea la locura, por muy bonito que se cuente el cuento...el final siempre será el mismo: yo necesitando escapar del ruedo.
Luego, la conversación vuelve a degenerar y nos quedamos con ese sabor a interrogante y la misma pregunta que siempre vuelve a nuestra mente ¿y si...?
Por último, alguno se va, deja de existir esa atmósfera de tentaciones y ya es mas fácil pensar...por muy atrayente que sea la proposición, por muy divertida que sea la locura, por muy bonito que se cuente el cuento...el final siempre será el mismo: yo necesitando escapar del ruedo.
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