Somos los únicos responsables de nuestra vida, sin embargo, tendemos a culpar a alguien de lo que nos pasa, es como si lo necesitásemos, como si esa fuese la única explicación lógica. Obviamente para nosotros mismos siempre lo hacemos todo bien o al menos lo suficiente... y luego llegamos a aquí, a coger un teclado y escribirlo, que hasta parece que estamos arrepentidos pero en realidad queremos más; esperamos ver la lágrima, la rotura, el daño y verlo en full screen con amplificadores y palomitas. Lástima que una vez acabado el acto, seguimos igual, incluso con más rabia, porque, tras lo hecho, es cuando comprendemos que lo que de verdad necesitamos queda en la otra dirección; con las palabras bonitas, la sinceridad, la calma no fingida, el respeto...LA INGENUIDAD.
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